Empezando por la climatología, porque quiso la fortuna que la tornadiza primavera que estamos registrando nos obsequiara con un día radiante, todo salió bien en nuestra excursión del pasado 29 de mayo a Salinas de Leniz. Por poner algún reparo, la asistencia no fue lo que se dice multitudinaria, pero esto es algo con lo que ya se contaba y con lo que tenemos que pechar dados los inconvenientes que se nos plantean a todos cuando nos alejamos un poco de nuestras respectivas zonas de confort. Por demás, disfrutamos de una ilustrativa visita al remozado Museo Salinero - algunos ya habíamos estado en él hace la tira de años - y comprobamos que sigue produciendo el imprescindible condimento, del cual compramos un poco pero, seguramente, más de lo que nuestra hipertensión haría aconsejable.
Subimos luego al Santuario de la Virgen de Dorleta que, aparte de su simbólico significado como patrona de los ciclistas españoles, tiene un precioso retablo digno por sí solo de una visita. Vimos los maillots de famosos y menos famosos ofrendados y la magnífica copia de un Greco, cuyo original está a mejor recaudo en el Museo Diocesano, que también hemos visto hace no mucho. Y por último, aunque no menos importante, disfrutamos de un inmejorable menú en el Arrate, preparado y sugerido por su factótum Begoña que es uno de los principales atractivos de esta preciosa villa de Salinas o Gatzaga.
No hay comentarios:
Publicar un comentario