Aunque con el mismo escenario y parecida fecha se estaba convirtiendo en una tradición el que comiéramos unas angulitas, este año, llevados por un fuerte impulso conservacionista, optamos por degustar un típico cocido madrileño. Así, los níveos alevines flotando en aceite se vieron sustituidos por fideos nadando en el suculento caldo que compone la sopa de cocido con la se abre el ritual de los tres volcados. Primero, la sopa; segundo, los garbanzos y las verduras, para acabar con las carnes y el "pringao". Y que conste que nada tuvo que ver el alto precio de las angulas, sino nuestra fuerte concienciación por la preservación de las especies en peligro de extinción, así como la prohibición de nuestras beneméritas autoridades que, como siempre, saben mejor que nosotros qué es lo que más nos conviene. Por lo demás, el cocido estuvo de rechupete.
No hay comentarios:
Publicar un comentario